Bilbaobilonia

Bilbaobilonia

Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
ITALO CALVINO, Las ciudades invisibles

Me gustan los lugares imaginarios. Me gustan todas esas geografías que no nacieron de conquistas militares o de un calculado ejercicio de urbanismo y arquitectura, sino que fueron concebidas por la imaginación humana con la modesta pretensión de explicar el mundo. Son países, territorios, ciudades o edificios a los que un día alguien concedió un nombre y una historia, recintos de ficción con leyes propias donde vivieron y descubrieron el amor y la muerte personajes no muy distintos a nosotros.

Con algunos de estos lugares imposibles nos ocurre lo mismo que con otros parajes que hemos visitado realmente: sabemos de memoria sus calles y sus gentes, conservamos con detalle sus sonidos y sus olores, y a veces incluso nos caemos de nostalgia y de ganas de volver.

Por eso a menudo echo de menos Macondo, y recuerdo al coronel Aureliano Buendía paseando su infancia entre casas de barro y cañabrava, cuando el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. También recuerdo las horas muertas en Comala buscando a Pedro Páramo, o en la ínsula Barataria, padeciendo la tiranía cruel de Sancho Panza.

Dan ganas de mudarse a 221B Baker Street y esperar con las ventanas abiertas el último tranvía hacia Neverland. Dan ganas de saltar una alambrada y darse a la fuga con las manzanas robadas del Jardín del Edén. Naufragar en Lilliput rodeado de enanos y añorar los días felices en Arcadia, cuando fui un esclavo de William Faulkner en una plantación del condado de Yoknapatawpha.

La ciudad imposible donde vivo se llama Bilbaobilonia, y es una réplica exacta de la ciudad donde realmente escribo.

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2 Respuestas a “Bilbaobilonia”


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